Ya es posible detectar la enfermedad de Alzheimer con un análisis de sangre

Una prueba de plasma basada en p-tau217 muestra la misma precisión que el estudio convencional de líquido cefalorraquídeo.

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29 de enero 2024

Un análisis de sangre para identificar acumulaciones patológicas de las proteínas beta amiloide y TAU puede llegar a sustituir en clínica, para la mayoría de pacientes con sospecha, las pruebas de laboratorio sobre muestras de líquido cefalorraquídeo obtenidas mediante punción lumbar y las de imagen (resonancia magnética y tomografía por emisión de positrones-PET) que, junto con exámenes para evaluar el deterioro de la memoria, habilidades de razonamiento, capacidades funcionales y cambios en la conducta, se realizan actualmente para diagnosticar la enfermedad de Alzheimer.

Se trata de un análisis basado en la detección de la proteína TAU fosforilada 217 (p-tau217) en plasma que ha mostrado prácticamente la misma precisión, de entre el 90 y el 95%, que la realizada sobre líquido cefalorraquídeo, que está basada en la t-Tau y p-Tau (Thr 181) y beta amiloide 42 (βA42). Es lo que concluye un estudio publicado en JAMA Neurology, que ha contado con la participación de expertos del Hospital de Sant Pau de Barcelona. Este trabajo confirma la capacidad de esa prueba en sangre para diferenciar entre los grupos de participantes con o sin anomalías detectadas por resonancia, PET o líquido cefalorraquídeo.

El resultado se basa en datos de muestras, analizadas en Suecia, procedentes de tres cohortes observacionales que sumaron 786 participantes con una media de edad 66,3 años: la Translational Biomarkers in Aging and Dementia (Triad), de Canadá; la Wisconsin Registry for Alzheimer’s Prevention (WRAP), de Estados Unidos, y la Sant Pau Initiative on Neurodegeneration (SPIN).

Daniel Alcolea, investigador del Grupo de Neurobiología de las demencias en el Institut de Recerca Sant Pau (IIB Sant Pau) y responsable de la plataforma de biomarcadores de la Unidad de Memoria del Hospital de Sant Pau, es coautor del estudio junto con, entre otros, Juan Fortea, director de la Unidad de Memoria del Servicio de Neurología y líder del Área de Investigación en Enfermedades Neurológicas, Neurociencia y Salud Mental del IIB Sant Pau, y Albert Lleó, director del Servicio de Neurología e investigador del Grupo de Neurobiología de las demencias del IIB Sant Pau. Ha explicado a este diario que «de todos los biomarcadores que se están estudiando actualmente para diagnosticar la enfermedad de Alzheimer, la p-tau217, que se venía persiguiendo desde hacía tiempo, es la que ha dado mejores resultados y la que se va a imponer en plasma». Aunque cree conveniente ser cautelosos y esperar a los resultados de su uso «en vida real» porque en las tres cohortes analizadas los voluntarios participantes han sido muy seleccionados.

Placas de proteína beta amiloide

La acumulación en el cerebro de placas de proteína beta amiloide es una de las lesiones neurodegenerativas más características del Alzheimer. Se pueden empezar a acumular entre 15 y 10 años antes del inicio de los síntomas clínicos de la enfermedad, por diferentes causas que engloban factores de riesgo relacionados con la edad, la genética, la dieta, el ejercicio, la salud cardiovascular y la actividad cognitiva, entre otras. Tener esas placas en el cerebro no implica necesariamente que la persona acabe desarrollando demencia, pero sí que aumenta exponencialmente el riesgo de entrar en la fase clínica de la enfermedad de Alzheimer.

Ha indicado Alcolea que la concentración de proteína beta amiloide en sangre es muy baja pero en los enfermos es tres veces superior a la que se observa en población sana. Y la p-tau217, en concreto, se ve en mayor abundancia en el líquido cefalorraquídeo que en el plasma de los enfermos pero, gracias a nuevas técnicas de análisis, se puede determinar también en la sangre en un punto de corte que, ha precisado, podría variar en adelante con los resultados de diferentes ensayos.

En el estudio se ha detectado una discordancia del 5%, más falsos positivos que falsos negativos, y, según el investigador, habrá que ver si ese aspecto puede mejorar cambiando el punto de corte.

Fuente: Diario Médico

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